A Juan Carlos Viruta
le encantaba la fruta.
De chico le gritaba a su mamá
cuando no le conseguía ananá
Se casó con su novia Viviana,
porque tenía cara de manzana
y para mostrarle cuanto la quería
la llevó esa noche a la frutería.
Era el mejor amigo de cualquiera
que lo convidara con kiwis y peras.
Una noche raptó a una princesa
con la boca como una cereza.
Y el rey lo condenó a cruel castigo:
hizo que un mago lo transformara en higo.
ahora Juan está al borde del abismo,
ya casi no existe, se comió a sí mismo.






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